EL "AGUA PARA TODOS" QUE INUNDA Y AHOGA A LA IZQUIERDA EN EL LEVANTE ESPAÑOL

Este miercoles 18 de marzo 400.000 personas -según la Policía Local- clamaron en Murcia por el mantenimiento del trasvase Tajo-Segura y en contra del proyecto de Estatuto de Castilla La Mancha que pretende en su artículado el cierre definitivo del acueducto para el año 2015. El éxito de la convocatoria ha sido evidente, murcianos, alicantinos y almerienses acudieron en número a defender el "agua que quieren quitarles" en referencia al citado trasvase, una tubería que es imprescindible para el abastecimiento y la agricultura en Levante. Casi 100.000 puestos de trabajo se verían amenazados por la desaparición del acueducto directa o indirectamente, eliminándo de golpe una agricultura aún competitiva que consolida año a año nuestras exportaciones, agua de la que dependen más de 3 millones de bocas para consumo humano. Todo esto está en peligro a la espera de una rectificación o de la retirada del proyecto que parece por otra parte más probable que nunca.
Por lo tanto, el objetivo "original" de este acto era justificado y necesario en la defensa de los intereses de la cuenca receptora, pues se puede demostrar facilmente con cifras y estudios que el impacto de cerrar la tubería del Tajo-Segura tendría un efecto devastador económica y socialmente no solo para el sureste español sino también para el conjunto del territorio nacional. A las evidencias técnicas que aconsejan que la fecha de caducidad sea eliminada del proyecto tenemos que sumar las advertencias jurídicas, pues ninguna comunidad autónoma en virtud de sus estatutos puede arrogarse competencias que son exclusivas del Estado: la gestión de la política hidráulica y de las cuencas hidrográficas. Estos artículos del proyecto de estatuto que fijan el cierre del Tajo-Segura para 2015 son abiertamente inconstitucionales.
La principal novedad estribaba en la presencia de todas las fuerzas políticas de la Región de Murcia, Comunitat Valenciana y Andalucía unidas, sin fisuras, en defensa del trasvase Tajo-Segura. En la foto Valcárcel, Saura, Alarte, Camps, y un etcétera de políticos y representantes empresariales y sindicales. ¿Sería posible manifestar nuestro desacuerdo con el proyecto de estatuto castellano-manchego sin el ruído de otros mensajes políticos deliberadamente interesados? ¿Sería posible recalcar lo que nos une y dejar de lado durante al menos dos horas el instinto depredador de ganar votos y de aprovechar cualquier plataforma para conseguir réditos electorales?
Quien se haya paseado por la manifestación sabrá que la ansiada unidad no se consiguió más allá de las fotos y las poses institucionales. Una vez más la derecha murciana se ha apropiado de un noble objetivo (la defensa del TS) para convertir el acto reivindicativo en plataforma y disparadero de sus principales premisas políticas sobre el agua, las mismas que huelen a nacionalismo rancio y que saben, les procuran pingües resultados electorales, el alpiste que les permite mantenerse como una roca en el poder durante largos años. No se puede entender de otra manera la capitalización de la manifestación, ni toda la parafernalia que la rodeó, con las consignas a favor del trasvase del Ebro, los insultos a Zapatero o las menciones al paro. Estábamos una vez más ante un nuevo ejercicio de "murcianismo" entendido como amor por los colores del Partido Popular, en continuo desprecio hacia aquellos que no pertenecemos ni simpatizamos con esas ideas, y con el afán de convertir la necesidad en votos, como es costumbre, manipulando las buenas intenciones de miles de ciudadanos.
El nacionalismo hidráulico y el sentimiento de afrenta por la derogación del trasvase del Ebro sigue enquistado en el subconsciente de murcianos, valencianos y almerienses, y no parece que decrezca o se difumine progresivamente con el paso del tiempo. Cuando paseas codeándote con la gente, y escuchas como una madre explica a su hijo pequeño de 6-7 años que la gente se maniesfiesta porque Zapatero no quiere darle agua a Murcia, uno se da cuenta de lo profundo que cala este asunto. Gente mayor, jóvenes, de nivel económico alto, medio, bajo, agricultores, comerciantes, empresarios, inmigrantes, una representación fideligna de la sociedad que se manifiesta totalmente convencida de las consignas diligentemente "vendidas" estos años por los gobiernos del Partido Popular. Tienen aquí un granero que cuidan y miman, un chollo sin comparación, con la ayuda (y esto es lo más grave) de una oposición política descompuesta, incapaz de responder y menos aún de defender sus posiciones.
Los levantinos perciben mala conciencia en los representantes socialistas, y sobre todo su falta de fe en las medidas alternativas propuestas por el ejecutivo de Zapatero. El primer error fue negarse a vender el "Programa Agua" porque según decía la ex ministra Cristina Narbona "nosotros no somos como ellos que gastan ingentes cantidades en propaganda"; el segundo error fue no ofrecer una solución real y eficaz para la agricultura; el tercero no combatir la demagogia del agua, que la hay para escribir más de un libro por estas tierras. Se ha permitido por la pasividad de los socialistas que la sociedad murciana y valenciana interiorice y se convenza de que los que oponen al trasvase del Ebro "quieren hundir la región" y son "traidores" con mayúsculas, políticos que anteponen sus intereses y sus cargos a las necesidades más elementales de los territorios que representan. ¿Cómo perdonar tamaña ofensa de quienes dicen querer representarnos?
La falta de liderazgo y pedagogía de estos años se paga ahora. El rencor es evidente, y crece paulatinamente con solo mencionar algunos de esos "slogans" de fácil rima y entendimiento mundano que han circulado por la zona levantina con insistencia machacona. El fracaso de la clase política progresista surge cuando los ciudadanos no entienden que se "tire" agua al mar cuando "aquí la necesitamos". Alguien, en su momento, tuvo que coger la pizarra y ponerse manos a la obra para explicar algunos conceptos básicos de ecología, con un lenguaje adaptado el entendimiento de la mayoría, porque los murcianos pueden tener la cultura que tienen pero no son tontos. Cortar de raíz un mensaje persuasivo es un elemento crítico en coyunturas con elevada carga emocional: la derogación del trasvase del Ebro lo fue. Solo hay que pensar que años atrás el Partido Popular bloqueó el llamado "Plan Borrell" y casi nadie se lo echó en cara. Porque automáticamente se justificaron, explicaron su posición y defendieron su alternativa como la mejor; y lo hicieron sin complejos.
Cualquier posibilidad de recuperación electoral de la izquierda en Levante pasa por curar las heridas de aquella derogación, heridas que no cicatrizan con el paso del tiempo. Al mismo tiempo, la izquierda tiene la imperiosa necesidad de enganchar su propio mensaje, y que éste sea irremediablemente populista, accesible y entendible para el intelecto medio de murcianos, alicantinos y almerienses. Es posible conseguirlo si se respetan, y primero se conocen, algunas reglas básicas del marketing y la psicología, y el partido se rodea de los mejores, no solo de capital humano para pegar carteles, sino tambien de personas capaces de pensar e innovar, ésto pasa por recuperar entre otros al mundo universitario y docente que huyó hace 10 años de la sedes socialistas.
Así pues cicatrizar y recuperar la iniciativa son los "debe" irrenunciables. Pero para llegar a buen puerto son necesarios sin embargo algunos ingredientes que hoy escasean en la actividad política: inteligencia, preparación, dedicación y convicción. Porque, independientemente de las discusiones técnicas la pregunta que hay que hacerse es: ¿consideramos que hemos fallado a los murcianos en algunos temas que son cruciales? ¿consideramos que hemos estado a la altura de sus necesidades y de sus intereses? Si la respuesta es "no" hay que salir inmediatamente a pedir disculpas públicas y a partir de ahí, elaborar un nuevo discurso. Si la respuesta es "sí", hay que ponerse a trabajar de verdad desde hoy mismo para convencer a los ciudadanos de que nuestra posición es la mejor para sus intereses, y eso requiere, principalmente, de elevadas dosis de inteligencia. Y si hay que pararle los pies a Zapatero o a Pepiño Blanco se hace, sin complejos. No hay otra.