
Dice el diccionario de la Real Academia Española que por "vergüenza" entendemos "la turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena". Atendiendo a esta definición cualquiera podría afirmar sin rubor y sin temor a errar el tiro que los dirigentes del Partido Popular murciano son, como mínimo, unos desvergonzados. Sí, unos desvergonzados. La Justicia tendrá que dictaminar si además son unos sinvergüenzas, que está por ver, pues los tiempos en un Estado de Derecho no siempre acompañan al fervor de la actualidad política. Pero todo llega y el lobo con sotana empieza a asomar la patita. Y es que el levantamiento parcial del secreto de sumario en el caso que investiga una presunta trama de corrupción en Torre Pacheco y Fuente Álamo sacude como un tsunami la actualidad murciana dejando en evidencia las prácticas políticas sistematizadas de algunos altos cargos del Partido Popular murciano. Tan escandalosas son las conversaciones intervenidas por la Guardia Civil que uno se pregunta cómo pasa un solo minuto más sin que todos los intervinientes no pongan su cargo a disposición para alejarse, por siempre jamás, de la actividad política. Por eso son unos desvergonzados.
A los que venimos diciendo que Marbella es una memez comparado con lo que ha sucedido y sucede en esta Región no nos sorprenden en absoluto las relaciones mercantiles y comerciales de nuestros políticos con afamados empresarios del ladrillo. No nos escandalizamos ya (y es triste) de que sea el constructor el que decida las listas electorales mientras el político pide permiso arrodillado ante el "César". No nos decepcionamos por ver a semejantes personajes pidiendo comisiones bajo mano para aprobar proyectos y favorecer al cacique de turno porque no nos pilla por sorpresa. A nadie a estas alturas de la película puede extrañar este tipo de comportamientos. Pero muchos podemos decir sin embargo, porque una cosa no quita la otra, que hemos sentido una honda "vergüenza", aunque sea ajena, al leer las transcripciones de las conversaciones intervenidas por la Justicia en este y otros casos. Diputados nacionales, consejeros de alto rango, alcaldes, concejales, empresarios, todos metidos en el ajo en lo que parece ser una estructura presuntamente organizada para delinquir a gran escala.
Sí, da bastante respeto por no hablar de mal rollo oir a la mano derecha hasta hace unos meses de Valcárcel extrañarse de que una juez (supuestamente independiente) se atreviese a investigar un ayuntamiento del PP. ¡Como si ellos estuviesen por encima del bien y del mal! El consejero y el alcalde parecen muy sorprendidos de que la justicia hinque el diente a un consistorio popular mientras llaman "tonto del capullo al fiscal" y algunas cosas más que nos enteraremos pronto. Preocupante por no decir sospechoso. El ministro Bermejo debería tomar nota y ejercer su función ejecutiva para controlar las omisiones interesadas. ¿El poder judicial en la Región de Murcia ha mirado para otro lado estos años en los que se diseñaba una red corrupta y clientelar al margen de la ley?
Han pasado ya algunas horas desde que la prensa nos reveló el contenido de las conversaciones: nadie ha dimitido. Los dirigentes del PP se limitan a echar balones fuera y a escurrir el bulto una vez más, quien sabe si temerosos de que su burbuja particular esté a punto de reventar. Ya no cabe duda a muchos ciudadanos honestos, del color que sean, de que con la participación de consejeros en los tratos el mismísimo presidente se encuentra en jaque, al menos por omisión. Sería como mínimo temerario tener a un señor dirigiendo nuestros destinos incapaz de saber, si es que no lo sabía, lo que pasa en su Región y lo que es peor, sin conocer los menesteres de sus consejeros, cargos y diputados, aquellos con los que comparte pupitre y responsabilidades. Un líder serio, honesto y creíble cortaría unas cuantas cabezas nada más conocerse este feo asunto que apunta según fuentes judiciales a una posible trama de financiación irregular del Partido Popular. La pagamenta, los toros y la "s" con dos barras. ¿Qué hace falta para que estos señores actuen contra la corrupción? ¿A quién protegen? ¿Qué temen para organzinar una corte de catedráticos y abogados a su alrededor?
Los supuestos corruptos se escudan en que no hay sentencias condenatorias y es cierto. Pero no es menos cierto que el presidente del partido y presidente de todos los murcianos afirmaba en campaña que una mera imputación judicial conllevaría la expulsión de la vida pública de todo aquel cargo manchado por la Justicia. No podemos olvidar que algunas practicas, sean judicialmente condenables o no, suponen una flagrante merma moral que deslegitima el desempeño de función pública. Un médico temerario sería fulminantemente apartado de sus funciones aún sin condena judicial, al igual que un profesor que supuestamente ha agredido a un alumno sería suspendido sin necesidad de que un juez se pronuncie sobre la verosimilitud de las acusaciones. Después la Justicia dará o quitará razones, pero ante la duda, la protección del ciudadano ante todo. Cualquiera de nosotros se alegraría y celebraría que se apartase de la vida pública a un profesional deshonesto para con sus funciones. ¿Por qué entonces el murciano no exige que dimita el cargo público político que en conversaciones pinchadas demuestra mezclar lo público con la privado a espaldas del interés general por el que fue elegido por sus electores?
La ciudadanía aún se encuentra en un fase inicial de shock, en la que la incredulidad se muestra en todo su esplendor. Es lo que se denomina una "disonancia cognitiva" que enfrenta la encendida defensa que estos años han hecho de los personajes implicados y que ahora choca con la realidad de unas conversaciones vergonzosas para cualquier persona con dos dedos de frente. Es el "no me creo yo que Pepe" ó el "pero si mi alcalde es una buena persona". Comete un error de bulto el Partido Popular al confiar en demasía en la aparente "pasividad" de los murcianos, pues como todo shock, no perdura para siempre. Ni siquiera los años de marketing machacón, de campañas ruidosas y de despistes masivos podrán resistir a decenas de condenas, conversaciones e imputaciones como las que vienen en marcha. Es un grave error de Valcárcel el no tomar medidas contundentes porque al final el lobo se lo tragará a él mismo. Al final él mismo será engullido por su ego amén de los justicieros con sotana. Rectificar es de sabios, pues bien, parece que adolecemos de ellos en nuestro gobierno regional.
Es el cáncer y la metástasis. Cuando la fase de shock deje paso se manifestará una fase progresivamente crítica. Muchos "fans" de estos años de miel y oro bajo mandato popular empezarán a preguntarse al albur de una coyuntura económica cuesta abajo si no han sido engañados vilmente por el poder económico. Con la perspectiva que darán las condenas y los sumarios abiertos de par en par, incluso el más caradura pasará vergüenza por la calle porque el ciudadano le pasará factura social, sin lugar a dudas. Los murcianos verán las cosas mucho más claras y hasta empezarán a lamentarse "cómo no nos dimos cuenta". A la fase crítica le sigue una fase de catarsis que puede ser virulenta. Sí, esto es así por mucho que parezca extraño que los que hoy se pasean ante el abrazo y el calor del ciudadano en unos meses puedan hacerlo agazapados y agachando la cabeza por miedo a recibir una reprimenda social por la calle. Es el estadio donde el ciudadano despierta y recupera su conciencia, donde es capaz de discernir los oscuros planes y las ruines tramas de los desvergonzados convertidos en sinvergüenzas. Es un proceso imparable si Rajoy no lo remedia cortándole la cabeza a los fiscales anticorrupción. Dos velas a Zapatero para extirpar el cáncer.
Con un poco de suerte muchos murcianos, los que nos hemos sentido agredidos y amenazados durante muchos años, podremos decir que teníamos razón. El trasvase del Ebro será recordado como el mayor engaño conocido a los murcianos en mucho tiempo, ya lo verán. Recuerden a Marbella, donde Jesús Gil y Julián Muñoz eran jaleados y encumbrados. Hoy fuera de la cárcel Muñoz no podría salir a la calle sin la censura social de sus vecinos, los mismos que hace un par de años lo vitoreaban. El GIL ha desaparecido y el partido que menos concejales tenía está hoy gobernando. Porque la Rae en una segunda acepción del término "vergüenza" reza "pena o castigo que consistía en exponer al reo a la afrenta y confusión públicas con alguna señal que denotaba su delito." Antes o después los corruptos serán expiados en la opinión pública, afrentados a sus vergüenzas. Porque la Justicia llega, tarde o temprano, pero llega. Y es implacable. Esta vez no tendrán de cara el boom ilusorio del ladrillo ni promesas de dinero con que tapar las bocas. El apocalipsis murciano es imparable. No se lo pierdan.
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