El Partido Popular de la Región de Murcia volverá a gobernar 4 años más en la comunidad autónoma, y lo hará con una mayoría más aplastante si cabe, alcanzando 33 diputados en la asamblea regional frente a los 11 de los socialistas, que pierden 4 escaños de los 15 que obtuvo en las anteriores elecciones. Además los populares gobernarán en la práctica totalidad de los ayuntamientos de la región, con abrumadoras mayorías, con un durísimo castigo para el PSRM en las 3 grandes ciudades, Murcia, Cartagena y Lorca. Los socialistas rompen una vez más su suelo electoral, en una carrera cuesta abajo en la que se siguen perdiendo apoyos en el electorado murciano, con el agravante de que se ha evaporado el escaso poder muncicipal que les quedaba, con la perdida de algunos gobiernos locales tan importantes como históricos. 33 diputados del PP frente a solo 11 diputados socialistas es un balance que no esperaban ni los más pesimistas. Llega, de nuevo, el momento de la reflexión. ¿Qué está pasando en la Región de Murcia y por qué los socialistas pierden en cada elección la confianza de un mayor número de ciudadanos, hasta convertirse en un partido residual y defenestrado por los murcianos? Hablaré en primer lugar de las cuestiones de fondo que explican la debacle para terminar reflexionando sobre los defectos estructurales de la organización socialista y los pasos que a mi modo de ver se deben dar en el futuro inmediato.
Existen varias explicaciones, varias respuestas que explican la hecatombe del socialismo murciano, pero la primera de éstas origina por defecto las demás. El PSRM-PSOE ha perdido las siglas PSRM, que es tanto como perder su nombre, su identificación y sus orígenes, su propia autonomía. Los socialistas murcianos no tienen un discurso propio, es obvio, porque éste no está cimentado en las particularidades, demandas y necesidades del electorado murciano, sino en la propia complacencia y en el discurso oficial que se diseña a más de 400 kms de distancia, en Madrid. El PSRM-PSOE se ha empeñado en representar a José Luís Rodríguez Zapatero y no a la ciudadanía murciana, a la que se debe. Un partido que prefiere defender los intereses de su partido en Madrid por encima de los intereses de sus propios electores y simpatizantes (y por lo tanto de sus propios intereses como federación y partido) necesariamente debe cosechar sucesivos fracasos electorales, cada vez más rotundos en elecciones regionales y locales. Sobre este eje, el Partido Popular ha visto facilitada su labor de gobierno en la región y de oposición al gobierno central. De un solo golpe, los populares derribaban a Zapatero y de rebote a los socialistas murcianos.
Si los socialistas a nivel nacional han acusado a los populares de convertir la campaña autonómica y municipal en una primera vuelta de las elecciones generales, en la región de Murcia los socialistas llevan años aplicando precisamente la receta de desarrollar como eje principal de su actuación política la defensa de los intereses de su partido en clave nacional. Mala decisión ésta cuando la primera actuación de Zapatero fue la derogación del trasvase del Ebro. Torpeza de Saura, más empeñado en trabajar desde Madrid y salir en la foto con el presidente que en fortalecer el partido, y torpeza la de la candidata socialista Retegui, que en su primera entrevista se retrataba de la peor manera posible a la pregunta de "a quién admiraba más" respondiendo con el nombre del líder político peor valorado de la historia de la región de Murcia, el señor Zapatero. No confundamos tomar distancia y jugar inteligente con traicionar a tu partido y a tu secretario general, no se trata de renegar de todas sus decisiones. No hacía falta llegar a tanto. Un ejemplo clarificador de la política “seguidista” de los líderes socialistas: en 8 años, jamás hemos escuchado a los socialistas murcianos criticar, denunciar o cuestionar, siquiera someramente, una sola decisión del presidente del gobierno. No se trata entonces de responsabilizar al presidente Zapatero de los males del PSRM por mucha influencia que haya tenido en el devenir de los socialistas murcianos, pues ha sido el PSRM quien ha decidido cargar con el peso de algunas polémicas decisiones del gobierno central, con su silencio y su complacencia. Un apoyo crítico hubiese sido un paso suficiente, cuando éste hubiera estado justificado.
Como consecuencia de una errónea estrategia política, desarrollada y defendida a ultranza por el secretario general Pedro Saura, muy cercano y hombre de confianza del presidente del gobierno, el PSRM-PSOE se ha terminado convirtiendo en un partido sin rumbo, sin identidad y sin una agenda propia, donde el mérito se ha medido en función de quién era más condescendiente y servicial con la ejecutiva socialista de Ferraz, asumiendo las sucesivas ejecutivas de Princesa una posición mercantilista y espúrea, donde muchos de sus miembros (con honrosas excepciones) medraban con el único objetivo de mantenerse, promocionar y ascender dentro de la propia organización. El PSRM renunció hace mucho tiempo a convencer y liderar un proyecto sólido, alternativo y autónomo conformándose con las migajas que se repartían desde Madrid, y por eso el partido ha acabado convirtiéndose en un medio de subsistencia económica para medio centenar de personas, las mismas caras que se repiten desde tiempos inmemorables, que van rotando de responsabilidad en responsabilidad, protegiéndose los unos a los otros, bajo el paraguas de la indiferencia de Ferraz, obstaculizando sistemáticamente la renovación de la organización.
El PSRM-PSOE mantiene el mismo discurso y las mismas caras desde 2004, con algunas variaciones estéticas de poca relevancia, que no convencen ni a la propia militancia. No se ha variado una coma el argumentario de la primera gran derrota de los socialistas y por lo tanto, a nadie debe extrañar que los murcianos sigan dando la espalda al proyecto político del PSRM-PSOE. Es como si la ejecutiva socialista no hubiese aprendido de sus errores y se obcecaran en perpetuar posiciones ampliamente censuradas por los ciudadanos de la región de Murcia. Por ejemplo no hay un discurso sólido en materia de agua, una de las principales preocupaciones de los murcianos, y nos guste o no, una seña de identidad para esta tierra, y que define las simpatías políticas de millón y medio de conciudadanos. Primero defendimos los trasvases, después las desaladoras, y ahora no se sabe qué, parece que ninguna de las dos cosas. Porque nunca tuvimos una posición que no fuera la que se dictaba desde Madrid. Si no tenemos una posición propia sobre determinados temas y no sabemos responder a las principales preocupaciones de los murcianos en clave regional, por mucho que sean debates interesados impuestos por el Partido Popular, cualquier iniciativa está destinada a fracasar irremediablemente. Desgraciadamente no podemos dejar de hablar de lo que el PP quiere que hablemos, pues domina todas las instancias y medios regionales, y tiene muchos recursos a su disposición.
Ciertamente Zapatero ha sido el peor embajador para los socialistas del PSRM-PSOE. Por eso se entiende menos esa obsesiva defensa enrocada de todas sus decisiones. Si bien Zapatero ha sido el presidente que mejor ha tratado esta región presupuestariamente no es menos cierto que siempre ha dejado mucho que desear en el trato institucional y la cercanía emocional que los ciudadanos agradecen y tienen en cuenta a la hora de votar; los murcianos nunca han sentido el calor de su presidente del gobierno. En Murcia siempre hemos tenido la sensación de que, acertando o no, Moncloa siempre antepuso los intereses de otras comunidades a los nuestros. Nuestros líderes deberían haber tomado mayor distancia con el presidente del gobierno, para que el electorado murciano pudiese apreciar la autonomía de ambos proyectos, a pesar de las lógicas coincidencias de fondo, evitando que la marca PSRM se diluyera excesivamente en la figura y el porvenir del propio Zapatero. La docilidad de la federación socialista murciana no ha contribuido a proteger las políticas de Zapatero, todo lo contrario. Como siempre se ha defendido que su postura era la correcta, los murcianos han llegado a la conclusión de que el PSRM-PSOE era un partido seguidista y acrítico, y por lo tanto no tenía credibilidad alguna cuando defendía medidas (la mayoría) que beneficiaban a los murcianios, pues se endosó a la federación murciana el san benito de “perro de su amo”.
El socialismo murciano hubiese ganado credibilidad de haber puesto en entredicho algunos movimientos políticos del gobierno central, a pesar de un apoyo general y mayoritario a la mayor parte de sus propuestas, como no podía ser de otra manera. Moncloa y Ferraz hubiesen modulado, matizado y acertado con algunas decisiones controvertidas de haber tenido enfrente a una federación socialista capaz de conjugar la defensa de posiciones no coincidentes y de prestar al mismo tiempo un apoyo condicional y crítico. Zapatero siempre tuvo la presión en la nuca de Barreda, Vara y Montilla, como antes la tuvo de Chaves e Ibarra, pero nunca de Saura. Nunca de los socialistas murcianos. El escaso peso de la federación socialista no es excusa. Si en Ferraz no nos han considerado por el menor peso de esta federación, razón de más para levantar la voz y arriesgar con un proyecto político más atrevido, fuera de los guiones escritos en Ferraz. En definitiva hay que trabajar, cambiar y modular mensajes, estrategias y posiciones políticas para hacerlas cercanas a los intereses de los murcianos, y para ello tenemos que reclamar nuestra autonomía. Hasta aquí los análisis de fondo, de mensaje, de concepto. Habrá tiempo para profundizar más.
Vayamos a los defectos internos del propio partido. La actitud condescendiente del PSRM con el PSOE, la oposición a las principales demandas de la sociedad murciana, y la escasa regeneración interna del partido, han ocasionado las peores derrotas de la historia de la organización y lo que es peor, han terminado por impregnar a toda la militancia de un halo de impotencia y frustración que anticipa, si no se toman medidas contundentes y ejemplarizantes, la descomposición del partido. La militancia exige una depuración total de responsabilidades. No se trata de que los que vienen reflexionando los últimos 8 años vuelvan a reflexionar. Es claro y notorio que reflexionar no es una cualidad inherente a la ejecutiva actual, no es lo suyo. Un gesto de dignidad en forma de dimisión conjunta de la ejecutiva sería el mejor de los comienzos para una verdadera renovación en el socialismo murciano. Aferrarse al cargo solo denota el miedo y el vértigo de perder posiciones de influencia y poder, que no hacen sino confirmar las sospechas de la militancia. Unas decenas de hombres y mujeres que se parapetan en sus cargos y se niegan a dejar paso.
Tampoco entendería la militancia y menos aun el electorado murciano que viejas glorias y altos cargos del partido se promocionaran como recambios de un nuevo proyecto político. Las ideas son importantes, pero quien las defiende también, la cara es el primer mensaje de un proyecto, en marketing sabemos que la forma es tan importante (o más) que el fondo. Un candidato o una ejecutiva es un mensaje y una propuesta política por sí misma, sin abrir la boca. Por eso es tan importante la renovación de caras además del debate de ideas. Algunos políticos que llevan pilotando la nave socialista más de 20 años no pueden representar la ruptura con el pasado reciente que este partido necesita. Los secretarios generales de las principales agrupaciones también deben asumir responsabilidades. La depuración debe ser profunda y generalizada para que la reflexión pueda tener lugar sin la influencia de los pesos pesados que han dirigido el partido, y bloqueado su renovación. No se trata de rejuvenecer el partido ni de renunciar a la experiencia de muchos cargos orgánicos, que a buen seguro tendrán mucho que aportar. Se trata de renovar unas caras que los murcianos ya han condenado con su indiferencia y en las que no volverán a confiar aunque el discurso sea radicalmente distinto: no se fiarán. En el nuevo proyecto político del PSRM deben sumar los mayores, los más jóvenes y los menos jóvenes pero la vieja guardia debe dar un paso o dos atrás. No pueden ser la imagen de un nuevo proyecto.
El PSRM-PSOE debe acompasar su regeneración con los cambios que se sucederán a nivel nacional. El PSOE renovará líderes y proyectos en un hipotético Congreso Federal Ordinario o Extraordinario, y el PSRM-PSOE no puede quedarse atrás. Debe aprovechar ese impulso para volver a generar ilusión en su electorado. Estamos a tiempo de recuperar la confianza de los murcianos. Pero todo o casi todo debe cambiar. Quizá los socialistas deban replantarse algunos contenidos aunque los hayan combatido estos últimos años. Otros partidos y otras federaciones lo han hecho, y tendremos que hacerlo seguramente con un paso previo, absolutamente necesario: empezar pidiendo perdón a la sociedad murciana por haberles fallado. Los murcianos se divorciaron de los socialistas hace 8 años cuando los españoles empezaron a reconciliarse con el partido a nivel nacional. Entonces tuvimos que cambiar o modular el paso pero no lo hicimos. Años después tampoco, cuando la experiencia nos decía que teníamos que transformarnos a fondo. No defendimos con brillantez nuestras alternativas, ni supimos explicarnos como los murcianos merecían. Si hacemos autocrítica y empezamos por reconocer los errores en público, quizá los murcianos empiecen a reconciliarse con nosotros, a vernos como amigos y no como enemigos de esta tierra. Solo entonces empezarán a escucharnos. Solo entonces nuestras propuestas serán tenidas en cuenta. Solo entonces, tendremos influencia y poder para convencer.
La campaña electoral de los socialistas ha sido francamente mejorable pero no es razonable cargar el peso de la derrota sobre las espaldas de Begoña García Retegui. En 8 meses no es posible enmendar el paso de 8 años. El secretario general debería haber asumido la responsabilidad de su gestión asumiendo el cartel electoral o de lo contrario haber renunciado a su cargo con anterioridad para propiciar un verdadero cambio. Begoña nunca debió aceptar el encargo, una trampa envenenada. Una de las mejores diputadas se ha inmolado no se sabe por qué razón, cuando no era su momento ni su lugar. Begoña, por falta de tiempo o por un error de apreciación, no ha variado una coma el discurso de Pedro Saura. Hemos visto una Begoña contenida y maniatada cuando esperábamos que demostrara su cara combativa. Begoña ha jugado a ser Saura, y para ser Saura, nadie mejor que el propio Saura. La campaña ni siquiera ha servido para poner sobre la mesa los cimientos de futuros éxitos electorales. Tiempo perdido. No haber explicado en campaña las diferentes competencias a manos de las distintas administraciones es un error imperdonable. Hoy muchos murcianos siguen pensando que la responsabilidad de los problemas en sanidad, educación, dependencia, urbanismo, empleo, comercio, y tantas otras competencias, es exclusiva del gobierno central. Haber conseguido aclarar estos conceptos, cuyo desconocimiento popular permite el caldo de cultivo para las manipulaciones del PP, hubiese dado valor a la campaña a pesar de la derrota. La información y la pedagogía en este sentido (y en otros temas) es la base para que los ciudadanos, cuando empiecen a escucharnos, puedan además empezar a entendernos.
Zapatero, la crisis, el paro, los movimientos del 15-M, la fortaleza del PP, el control de los medios de comunicación regionales, la derogación del trasvase del Ebro, la corrupción ejercida en algunos ayuntamientos socialistas, la defensa de los recortes del gobierno central y la crítica a los recortes del gobierno regional, muchas son las razones colaterales que explican el descalabro del PSRM. Éste ha sido una tónica a nivel nacional, con un PSOE castigado en las urnas en todo el territorio, pero no puede constituir excusa, cuando ya se perdía estrepitosamente en la región mientras en otros feudos se ganaba con solvencia con las siglas del puño y la rosa. Perder por 10 puntos no es lo mismo que perder con una diferencia de 40. Perder consecutivamente tantas elecciones, con resultados descendentes, es algo insostenible. Por eso es necesario partir de cero, renovar las estructuras del partido, dotarlo de vitalidad, y abrirlo a la sociedad. Imprescindible la formación de la militancia, el entrenamiento de nuestros candidatos, la especialización de los equipos de trabajo en el partido. Empezar de cero tiene la ventaja de que no hay límites ni condicionantes, todas las ideas son bienvenidas, todos importamos, todos somos iguales. El proyecto debe iniciarse con unos líderes pero debe dar valor a todos los militantes, del primero al último. Todos debemos sentirnos importantes. Pero el tiempo apremia.
Un nuevo escenario se abre a pesar del panorama sombrío que deja al Partido Popular con la mayor concentración de poder autonómico y municipal jamás conocido en democracia. Es una ventaja que tienen pero también una enorme responsabilidad. Los cambios a peor pueden constituirse en oportunidades si el partido logra regenerarse y culmina una reconciliación con la sociedad murciana. Las oportunidades vendrán y habrá que saber aprovecharlas. De camino, recortes y ajustes sociales sin precedentes que deberán asumir las comunidades autónomas y ayuntamientos, casi todos en manos del PP. Valcárcel no podrá culpar a los socialistas de Castilla La Mancha y de Aragón del bloqueo al trasvase del Ebro y el mantenimiento del Tajo que con toda seguridad no podrán acometer y mantener. El PP murciano tendrá un problema considerable si Rajoy llega a gobernar, pues las exigencias y demandas para con el gobierno de Zapatero han sido tan altas que la no construcción del tubo del Ebro o el impago de la mareante cifra de 4.200 millones de euros de deuda histórica dejaría en muy mal lugar a los populares. Si Valcárcel como parece probable emigra a un ministerio en caso de victoria del PP en las generales o a Europa en caso de derrota, la sucesión puede sangrar a una organización unida en público pero muy dividida en privado. Ahí, entonces, a un año vista, el PSRM debe llegar renovado y fuerte. No queda tanto, por eso el tiempo apremia.
La catarsis que el partido necesita no puede hacerse esperar. Debemos hacerla con exigencia pero con la comprensión y la generosidad que una organización como la socialista requiere. No podemos cerrar heridas abriendo otras. Tengamos tacto pero que la militancia descontenta no de un paso atrás. La actual ejecutiva y los secretarios generales tienen en su mano hacer fácil este tránsito. De ellos depende que el nuevo proyecto sea viable o que vuelva a encallar una vez más.
Algunos militantes indignados ya se están movimiento con manifiestos. Es ahora cuando los dirigentes socialistas deben demostrar su lealtad al partido. Estaremos vigilantes. No valdrán paños calientes esta vez, ni medias soluciones, ni soluciones negociadas. El futuro del PSRM-PSOE no se volverá a decidir, nunca más, en las famosas mesas de camilla. Que lo tengan en cuenta. No hay vuelta atrás.